lunes, 13 de febrero de 2012

qué sensación...

Por primera vez en mucho tiempo, he sentido la necesidad, de levantarme de la cama y ponerme a escribir llevando ya horas pretendiendo dormir.
Qué sensación, eso lo describe todo, una forma confusa de explicarlo, abstracta se podría decir, pero ¿qué sensación no es abstracta?
Una noche tratas de descansar, tratas de dejar tu mente volar mientras tu yo físico concilia el sueño para lograr un futuro día de esfuerzo y dedicación, pero la mente, sabe muy bien dónde quiere llegar a parar...
La mente de todo hombre, parece no darse siempre cuenta de todo, pero que no percibas algo en tu realidad no quiere decir que tu mente no lo haga, tan solo es que quizá tardes en asumirlo, quizá tardes en darte cuenta de que las cosas no son lo que eran, de que algo en tu vida ha cambiado...
Muchas veces, ocurre en tu vida algo a largo plazo que cuando acaba tratas de recordar para superar, y hay momentos que ya no están ahí, que no eres capaz de revivir, que parece que se han borrado de tu cabeza sin dejar rastro. Esto hace que no te acuerdes de lo que ha ocurrido tanto como pensabas que ibas a hacer, y de repente, meses, semanas, años después, siempre dependiendo de ti, un día te pones a pensar, y tu mente los recupera, te enseña con imágenes que tus ojos han captado una realidad pasada incluyendo una aún no inventada banda sonora que sale de ti y no podrías haber elegido mejor para ello si lo hubieses hecho con consciencia.
Poco a poco, asimilas que hay algo en tu vida, que sabías que ya no estaba, pero no habías echado de menos lo suficiente, o simplemente no habías querido asumir por recaer en un sufrimiento que ya no hace daño porque estaba ahí, pero cala muy hondo.
Sientes algo en el pecho, una presión que no soltarías ni con el mas intenso de los suspiros, y con los ojos más húmedos de lo normal, comienzas a notar como lágrimas esporádicas caen por tus mejillas en contraposición a un rostro sereno con la mirada perdida.
Mientras tratas de hacer desaparecer esa presión del pecho te aferras añorando lo que sabías que ya no estaba pero no habías necesitado, y en ese momento de flaqueza hubieses deseado que estuviese ahí notando más que nunca su ausencia.
Ahí te das cuenta de que es el peor momento de todos, tu rostro se seca, queriendo derramar lágrimas que vacíen esa sensación de presión pero no hay lágrimas para los momentos de mayor reflexión y franqueza contigo mismo.
De repente, abres los ojos más que nunca, y tu mente se queda en blanco, y tras pasar el peor de los momentos, sientes una sensación de calma, de tranquilidad, y te das cuenta de que has saldado una cuenta pendiente contigo mismo.
Tras haberte relajado sueltas el último suspiro de esa noche, tu mente ha descargado pesos que necesitaba asumir para que fuesen más ligeros, la has ayudado, y por fin, ahora sí, es hora de conciliar el sueño, es hora de recordar el pasado como algo pasado pero estando presente en ti, es hora de realmente disfrutar de ser feliz y que tu mente lo disfrute contigo.

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